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Entrevistas






La paciente trasplantada más antigua de nuestra consulta
21/06/2016

Hoy entrevistamos a Concepción Valdellós Alaminos, Conchita para los amigos, que es la paciente trasplantada más antigua de nuestra Consulta de Trasplante Renal. Conchita se trasplantó en 1982 en el Hospital Ramón y Cajal en Madrid, cuando todavía no se hacía trasplante renal en Castilla-La Mancha. Llevaba dos años en hemodiálisis, a la que acudía también en Madrid, en ambulancia durante una hora y media de ida y otra hora y media de vuelta, cosa que hoy en día nos cuesta imaginar. Cuando tenía 27 años y con un hijo de dos años de edad, a Conchita la diagnosticaron de lupus e insuficiencia renal a la vez.

¿Cómo se sintió cuando supo que padecía insuficiencia renal?

No lo recibí mal. No es plato del gusto de nadie. Lo tomé como una enfermedad como otra cualquiera, no lo he llevado mal. Y en diálisis también he estado bien. Recuerdo la primera diálisis como la peor, porque entré con pericarditis y tuve que dejar a mi hijo con mi hermana. Desconocía totalmente en qué consistía, pero luego me llevaba música, lo sobrellevaba bien y hacía amigos.

¿Cómo se sobrelleva la diálisis? 

Me llevaba una baraja a diálisis. Había allí una monja y también jugaba con nosotros. Hasta inflábamos globos. Hay que olvidarse de que uno tiene la enfermedad y seguir adelante con los compañeros. Estábamos muy unidos.

¿Es posible hacer una vida normal?

Sí, una vida muy normal, excepto por los momentos en que hay que tomar la medicación y cuidar la dieta. Yo siempre he cuidado mucho la dieta.

¿Cómo fue cuando la llamaron para el trasplante?

Acababa de llegar a mi casa de la diálisis cuando me llamaron. Estaba nerviosa porque tenía un hijo pequeño y no quería empeorar teniéndole a él.

¿Qué vida ha hecho con el trasplante?

Además de criar a mi hijo, he tenido un quiosco, donde vendía chucherías y prensa. Eso me ha hecho olvidarme de la enfermedad. Era una distracción para mí.

¿Qué dificultades ha encontrado a lo largo de su vida con el trasplante?

Yo lo he llevado muy bien. La única complicación que he tenido ha sido un tumor en la nariz del que me tuve que operar. Ahí sí pensé mucho, en que a lo mejor se acababa mi vida, y tenía miedo porque no quería dejar a mi hijo sin madre, aunque él ya era mayor.

¿Qué se siente al llevar tantos años con un trasplante?

Mucho alivio. Para mí fue como volver a nacer. Dejé a un lado la diálisis para poder moverme con facilidad de un sitio para otro, no estar pendiente de si tenía que ir o no a diálisis. Todas las noches rezo por esa persona que falleció y que tuvo ese gesto de generosidad de hacerse donante antes de fallecer. Le doy gracias porque por ella he sacado a mi hijo adelante. La diálisis es duradera, pero es duro aguantar el tratamiento durante tanto tiempo, aunque no me habría importado seguir los años que hubiera hecho falta. Ojalá hubiera vivido aquella persona, porque era joven, tenía 24 años. Al año le hice una misa. Me gustaría que esos familiares supieran que esa hija de alguna manera está viva en los que hemos sido trasplantados gracias a ella, no ha muerto totalmente, solo ha muerto en parte, otra parte queda en vida. Me gustaría que esos padres lo supieran, que rezo todas las noches dándole las gracias por lo que hizo por los demás.

¿Cuál es el secreto de que le dure tanto el trasplante?

Yo he hecho una dieta sana, no pasarse de embutido, de sal. Me gustaba la longaniza y, como sabía que no me iba bien, dije: hala, aparte. Tomo queso, verduras, legumbres. No me paso de los alimentos. El peso también es muy importante. Y mantenerse activa. No he fumado, no he bebido. Bebo zumo de limón sin gas y sin azúcar. He sido muy obediente con los consejos de los nefrólogos, he estado siempre en buenas manos y jamás he fallado en la medicación. Si he estado imprecisa, he llamado al médico y he preguntado las dudas.

¿Qué haría si le fallara este riñón?

Pues seguiría adelante, como cuando estaba en diálisis.

¿Qué espera de la vida ahora?

La edad me va avanzando y, claro, vamos llegando a otros años. Pero yo todos los días hago una vida normal y disfruto de lo que hay, estoy apuntada a un coro. Yo digo que cuando llegue la muerte, pues ya está. Eso he pensado siempre. Yo soy muy creyente.

¿Qué quiere decirle a otros pacientes?

Que lo lleven con mucha paciencia, que siempre habrá alguna oportunidad para ellos. Las cosas vendrán por sí solas. 

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